Monday, March 26, 2007

Critica a Snyder


No tengo nada claro que Los 300 sea una buena película. Tampoco estoy seguro de que sea mala, creo que es una de esas malas buenas películas. Es decir: emociona y gusta sólo si te permites ser engañado.
Son tres días de batalla siempre con luz dorada de atardecer. Cuerpos con vientre de chocolatinas, sangre dibujada con photoshop, bestias dibujadas con photoshop, escenarios dibujados con photoshop. El que una película tarde sólo 28 días en rodarse y esté un año entero en posproducción es sospechoso y el resultado suele ser un poco fraudulento.
El caso es que la historia básica es buena. Son unos sucesos impresionantes y reales en los que se ve a unos pocos hombres con voluntad resistiendo contra miles carentes de ella. Héroes dispuestos a sacrificarse y encantados de morir en combate. A mí, personalmente, me costaba un poco identificarme con esa pandilla de bestias y máquinas de matar con individualismo cero y ningún miedo al dolor. Los personajes son soldados clónicos, indiferenciables, inhumanos. Conocido un espartano, conocidos todos. En algún momento de la película se perciben claras intenciones de emocionar (la muerte del hijo del general o el sacrificio final) pero es que con unos protagonistas tan planos es muy difícil empatizar. Cuando lo único que le importa al soldado es matar o morir dignamente no hay drama en lo que le pueda suceder. Si la rendición o la rectificación no son posibilidades el drama consiste en matar hasta que me maten, lo cual no es un mal planteamiento para el desenlace de una historia pero sí para una historia completa de principio a fin.
La película es bastante parecida a la historia de los cronistas griegos (para ser una película, por supuesto) y muy fiel a su vez al cómic de Miller (que yo no he leído). Como dice Snyder “La historia es fiel en un 90%... Es sólo en la visualización donde se aloca.” Bueno, ese 10% de “visualización” que se aloca… se aloca un poco demasiado: Cuando el rey Jerjes (ahora actor de moda Rodrigo Santoro) aparece en pantalla, bajando de su carruaje como una drag queen canaria y hablando en rever, la sala estalló en una sonora carcajada. Si el público estalla en risas en un momento dramático… el director se ha confundido y algo va mal. Ese General con pinzas, esos ninjas leprosos, bailarinas leprosas, sacerdotes leprosos o ese lobo tan mal hecho… Parece que se le va un poco de las manos ese 10% de la “visualización” y precisamente porque es una película esencialmente visual no tengo claro que sea una buena película. Soy un gran admirador de Zack Snyder, su primera obra El Amanecer de los Muertos, remake de “Zombi” de George A. Romero, gustó a todo el mundo: crítica y espectadores. Snyder viene de la publicidad y parece un director con especial interés por la belleza. Los 300 es una película exageradamente estética, brutalmente estética, espectacularmente estética, y eso va en detrimento de la historia, cuyos dramas quedan relegados a un segundo plano porque al espectador le da igual lo que le cuenten, simplemente se conforma con el hipnotismo que la estética ejerce sobre él.
Me parece un poco preocupante la lectura que se puede hacer de la película. Estados Unidos se cree heredera directa de la épica europea. El cine que nos ha venido desde el otro lado del mar en los últimos 6 años lo demuestra: Alejandro Magno de Oliver Stone, Troya (Wolfgang Peterson), El Reino de los Cielos (Ridley Scott) o El Rey Arturo (Antoine Fuqua) recrean las grandes historias europeas bajo la ética y estética americanas. No tiene ningún sentido ver a un espartano (ciudad-estado griega en la que cualquier manifestación artística estaba prohibida, las mujeres estaban recluidas y subyugadas, y había miles de esclavos por hombre libre en una estructura social de castas piramidal y tiranizada por un rey) hablando de defender la democracia y la libertad y que encima tenga los huevos de llamar bárbaros a los mucho más refinados y cultos persas. Es como para poner una oficina de reclutamiento enfrente del cine y ver cómo la chavalería pasa de la sala oscura a los barracones de entrenamiento de los marines sin enchufe ni recomendación. La palabra “Esparta” se repite sin descanso a lo largo de la película. El fervor patriótico de los personajes es alucinante. “Todo por Esparta” igual a: “Todo por mi país” igual a: “Todo por EEUU”. El director se defiende diciendo que no ha tratado de introducir ningún mensaje político en la película, que si alguien decide leer más libros de historia o es motivado a discutir sobre política tras haberla visto tiene un valor añadido, pero esto yo no lo veo nada claro: la película se estrena en un contexto marcado por la guerra de Irak, la voluntad de Irán (nombre moderno de Persia) de convertirse en potencia nuclear y el miedo a Oriente. (Por qué eligen a actores negros para hacer de persas es otra de las incógnitas que me surgieron mientras veía la película).
Últimamente hay algo que se está dando por hecho y que a mí por lo menos no me funciona: los bichos creados por ordenador. ¿Nadie se da cuenta de que los dibujos animados no tienen realismo? ¿De las diferencias de texturas y movimientos entre las criaturas de mentira y las de verdad? Ya Golum o Jarjar Binks me molestaban cuando aparecían en pantalla, pero ¿Ese lobo? ¡Qué mal hecho estaba! ¿Ese rinoceronte? ¿Alguien se lo creyó? Da mucho más miedo la marioneta del lobo de La Historia Interminable que este bicho raro que aparece en Los 300. Es más, los directores han de darse cuenta de que los ejércitos hechos por ordenador no impresionan. Sabemos que no están ahí y eso hace que no funcionen. Cuando en Espartaco vemos a 1.000 soldados romanos bajando por una colina alucinamos en colores porque HAY 1.000 soldados romanos bajando por una colina. En El Señor de los Anillos o en esta película de la que hablamos nos dan igual mil que un millón que mil millones porque no existen. No hay nadie y eso hace que la situación pierda dramatismo por un tubo.
A favor todo lo demás. Tramas y subtramas ya vistas pero bien construidas, ágilmente desarrolladas e interesantillas, una música que apenas se percibe de lo acertada que es, interpretaciones discretas pero correctas en todo momento, montaje con ritmo, efectos preciosistas (muy bonita la escena en la que la chica del oráculo, rodada buceando en el interior de una piscina, aparece etérea y fantasmal transmitiendo lo que le dicen los dioses o las drogas la misma cosa es), diseño de arte y vestuario esquemático e infiel a la realidad histórica pero impresionante y acorde a la película (los buenos de rojo y los malos de azul, violeta) y una fotografía que es muy muy muy muy bonita pero sobre la que se sostiene todo el peso del film y eso a mí…
Posiblemente ayer saliese del cine sobre estimulado y hoy me haya despertado desengañado.
Post a Comment