Thursday, May 03, 2007

¡Que vienen los rusos! 1. Prokofiev


Sergei Prokofiev
1891-Moscú, 1953. Compositor y músico soviético.


Junto a Dimitri Shostakovich, es el mejor representante de la escuela de composición soviética, y su obra ha dejado profunda huella en el estilo de sus compatriotas más jóvenes, como Aram Khachaturian o Dimitri Kabalevski. Es, además, uno de los grandes clásicos del siglo XX, autor de una música en la que tradición y modernidad se conjugan de manera ejemplar.

El 23 de abril de 1891, en Sontzovka, Ucrania, nace Sergei Prokofiev. Niño prodigio, recibió sus primeras lecciones musicales de su madre, pianista aficionada, con tan buen resultado que ya a los nueve años dio a conocer en una versión doméstica su primera ópera, El gigante, a la que siguieron inmediatamente tres más, la última de ellas, El festín de la peste, escrita bajo las indicaciones del compositor Reinhold Glière. En este sentido, fue el enfant terrible de la música rusa de la primera década del siglo XX, no sólo en su faceta de compositor, sino también en la de intérprete. Estudió en el Conservatorio de San Petersburgo con los compositores rusos Reingold Glier, Nikolái Rimski-Kórsakov y Anatoli Liadov. Con fama de músico antirromántico y futurista, sus primeras obras, disonantes y deliberadamente escandalosas, provocaron el estupor del público. En ellas, el joven músico mostró ya algunas de las constantes que iban a definir su estilo durante toda su carrera, como son cierta tendencia a lo grotesco y una inagotable fantasía, junto a un recogido lirismo y una asombrosa capacidad para crear hermosas y sugestivas melodías, que el propio Shostakovich reconocía y admiraba.

Aunque el joven músico contaba con las simpatías de los revolucionarios soviéticos por su talante iconoclasta e irreverente, un año después de los hechos de octubre de 1917, Prokofiev dejó su país para instalarse en Occidente, más en busca de la tranquilidad necesaria para componer que por motivos de índole ideológica. Inicia una serie de viajes que le llevan a recorrer toda Europa, Japón y Estados Unidos. Durante estos años no deja de trabajar y estrenar obras como "El amor de las tres naranjas" y sus ballets "Chout", "Paso de acero" y "El hijo pródigo". En 1923 se casó con la cantante de origen español Lina Lluvera. A su vuelta a Rusia en 1936, 16 años después, Prokófiev siguió componiendo con el mismo lenguaje musical y sus obras demuestran una extraordinaria integridad si se tiene en cuenta la presión impuesta por el dogma soviético del realismo socialista. La libertad de que disfrutaban los artistas en los primeros tiempos de la revolución había sido sucedida por el control estatal respecto a toda creación artística, que debía ceñirse de manera obligatoria a unos cánones estrictos, los del realismo socialista. Algunas de sus obras, como la Cantata para el vigésimo aniversario de la Revolución, fueron consideradas excesivamente modernas y, en consecuencia, prohibidas.
Entre sus obras cabe destacar Pedro y el lobo (1934) para narrador y orquesta, el ballet Romeo y Julieta (1936, esc. 1940), la ópera Guerra y paz (1946, rev. 1952), la enérgica Sinfonía nº 5 (1945), la suite El teniente Kijé (1933) y la cantata Alejandro Nevski (1938, para la película del director soviético Serguéi Eisenstein, para quien también compuso la maravillosa música de Iván el Terrible).
En 1948 fue censurado por utilizar un "excesivo formalismo" y armonías cacofónicas. Prometió componer con mayor lirismo, pero su ópera Cuento de un hombre auténtico (1948) fue de nuevo censurada. Su Sinfonía nº 7 (1952, premio Stalin) le devolvió el favor del gobierno. Prokófiev falleció el 5 de marzo de 1953 en Moscú (el mismo día que Stalin)

http://www.prokofiev.org/
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